El Camino en España.

El inicio de lo que se ha dado en llamar el Camino de Santiago se pierde en una fecha incierta de principios del siglo IX en la que un ermitaño, llamado Pelayo, cuenta que ha visto unos fenómenos luminosos que tienen todos los visos de ser un milagro. El eremita pondrá en conocimiento del Obispo de Iria Flavia (sede episcopal de entonces) tan fantástica visión al acontecer tan fabulosos hechos en la parte más occidental del mundo entonces conocido y éste lo hace llegar a su vez a la Corte del rey Alfonso II de Asturias, comenzando de esta manera un movimiento de gentes y una difusión del hecho de tales proporciones que bien pronto conocerían por toda la Cristiandad.

Teodomiro, Obispo de Iria Flavia, sacó de una cueva un arca de mármol que contenía los restos de Santiago El Mayor, y el rey Alfonso II El Casto mandó construir en el lugar una capilla que diese cobijo a los restos del apóstol, iniciándose así la construcción de una ciudad, Compostela, que con el paso de los años se convertiría en meta de millones de peregrinos, sede episcopal, ciudad próspera y punto de referencia histórica y espiritual para todo el mundo cristiano. Los peregrinos comenzaron a transitar por el norte de España, no sin grandes dificultades, para llegar al fin del mundo medieval que eran por entonces las tierras de Galicia. Los primeros itinerarios lo fueron desde Oviedo, capital entonces de los reinos cristianos peninsulares, pronto estos caminos enlazaron con Europa a través de una “ruta de la costa” que más tarde, con el avance de la Reconquista, el Camino se consolidó más al Sur dando lugar a lo que se ha dado en llamar el “Camino Francés” y que se considera como el genuino Camino de Santiago. Los peregrinos que acudían a la Tumba de Santiago Apóstol no eran sólo hispanos, pues la fama que adquirió Compostela fue tal que muy pronto se pusieron en camino gentes de toda Europa.

Ello constituyó un hecho de gran importancia pues se generó a lo largo del itinerario una gran vida comercial y espiritual que dio como consecuencia la fundación de ciudades, construcción de grandes templos y monasterios y el florecimiento del comercio y los artesanos.

En este renacer que surgió en una gran parte del Norte de España tuvieron destacada participación instituciones religiosas como la Orden de Cluny que pronto se convirtió en la “gran multinacional” de promoción de la Ruta a Santiago de Compostela y algunas publicaciones determinadas como el “Codex Calixtinus” que escribiera el clérigo Aymeric Picaud por encargo del Papa Calixto II. Dentro de la influencia local no se debe olvidar al Obispo Gelmírez que fue quien consolidó la sede episcopal, la convirtió en Arzobispado y en buena manera diseñó y planificó su futuro. Todo ello favorecido por las leyes de Navarra, Castilla, León y Galicia que legislaron con generosidad a favor de los peregrinos y dictaron leyes que favorecieron igualmente a los pueblos, villas y ciudades por donde pasaba este itinerario sagrado que se convirtió como hemos dicho en la más importante ruta comercial y artística de la Europa medieval.

Los caminos que conducían a Santiago pronto formaron una tupida red que se iniciaba en tierras de Polonia, Alemania y los Países Nórdicos hasta llegar a Francia donde estos itinerarios se van configurando por París, Vezelay, Le Puy o Saint-Gilles con lo que se asocian en su nacimiento a los grandes santuarios que se dirigen a los Pirineos para entrar en España por dos lugares distintos: a través del Somport en tierras de Huesca, se recibía a los peregrinos que procedían de Saint Gilles du Gard, mientras que por el Puerto de Ibañeta, en tierras navarras de Roncesvalles, llegaban los procedentes de Tours, Vezelay y Le Puy. Los dos caminos, que habían ya atravesado Jaca en el lado aragonés y Pamplona se juntaban en Puente la Reina para desde allí “Todos los Caminos se hacen uno hasta llegar a Santiago” meta común de todos los itinerarios jacobeos. Desde aquí el camino histórico y también el actual se dirigía a Estella y Los Arcos para, cruzando el Ebro por Logroño, recorrer las localidades riojanas de Nájera, Azofra, Navarrete y Santo Domingo de la Calzada. Castilla y León es la Comunidad Autónoma con mayor recorrido, unos 400 kilómetros, y también donde la Ruta encuentra la mayor concentración de Bienes de Interés Cultural. Finalmente, el Camino de Santiago se introduce en Galicia, que como bien definiera Picaud es una región abundante en bosques, “agradable por sus ríos, sus prados y riquísimos manzanos, sus buenas frutas y sus clarísimas fuentes....”. A través del Cebreiro el Camino entra en tierras lucenses hasta el corazón de la comarca de A Ulloa, que tan bien inmortalizara Emilia Pardo Bazán en su novela “Los Pazos de Ulloa”, y punto de arranque del recorrido por la provincia de A Coruña avanzando por Melide y Arzúa hasta llegar a la meta de Santiago de Compostela.