Iglesia

Santiago de los Caballeros

El peregrino que decida iniciar el Camino de Santiago y que opte por transitar por la vía histórica de Madrid hacia Compostela, dispone de un espacio natural y artístico de gran recogimiento y tradición espiritual en Medina de Rioseco. La historia ya hace referencia  a la existencia de un Hospital para Peregrinos o de Santiago, fundado en 1570, para dar posada al peregrino en la Calle del Estudio, detrás de la Iglesia de Santiago y próxima a la Cofradía de la Vera Cruz. Hoy en día poco queda de la infraestructura arquitectónica y asistencial de aquella época en la que Rioseco era la capital del Almirantazgo de Castilla. Pero, el tiempo no ha borrado el interés por asistir a los peregrinos que buscan la llamada del Apóstol. El Convento de Madres Concepcionistas de Santa Clara han reservado para los viandantes una parte del cenobio como hospedería, en la que todo peregrino pueda encontrar el acogimiento de unas buenas instalaciones y el recogimiento del espíritu franciscano, entre sus muros, si así lo demandan.

Un segundo espacio, no por ello menos importante, es el templo de Santiago. Una de las tres parroquias con las que cuenta la localidad, lo que demuestra la dimensión y advocación de la feligresía y de los riosecanos a Santiago Apóstol. Un edificio de grandes dimensiones al que se accede por calles marcadas por el paso del tiempo, testigos mudos del transitar del esfuerzo de muchos peregrinos y que, aun hoy, siguen llevando los nombres de oficios artesanales. La vía principal o Calle Mayor vertebra la ciudad en dos partes al abrir la comunicación entre norte y sur. Rúa definida por aceras porticadas enlosadas y por edificios de arquitectura tradicional de barro y madera entramada que cobijan a mercaderes y transeúntes protagonistas mudos de la historia y que son buena muestra del variado comercio que dispone la ciudad como cabecera de comarca. Una de esas calles, de planimetría medieval, aconseja dirigir la mirada hacia la plazoleta en la que se halla la cruz del peregrino custodiando la fachada principal del templo de Santiago. Al acceder a ella lo recoleto se transforma en un edificio de proporciones, erguido en la verticalidad de sus sobrios muros. Al recorrer el perímetro exterior de esta iglesia parroquial, construida con el altruismo devocional, se pueden apreciar los diferentes periodos artísticos que fueron esculpiendo artistas destacados a lo largo de los años. Estilos que van del arte gótico al barroco, pasando por plateresco y el renacimiento, hasta concluir en el interior barroco en yeserías de las bóvedas y el sus retablos   no menos sorprendentes. Ello pone de manifiesto que se construyó con cimientos sólidos para permanecer activo, no solo por la riqueza artística, sino también porque, cada año, traspasan sus puertas devotos de fe viva que buscan el cobijo de Santiago.

En 1533 el Cabildo encarga al arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón la edificación de un templo en honor a Santiago, seguramente reemplazando a otro ya existente y que, por el auge poblacional y mercantil de Rioseco, ya no reunía las condiciones adecuadas para el culto. Diseña un espacio de grandes dimensiones en planta de salón de tres naves a igual altura y dividida en cinco tramos, cuya verticalidad se interrumpe con la colocación de líneas de impostas y triforio. La iglesia se empezó a construir por la cabecera, lo que va a marcar la evolución de los diferentes estilos artísticos dejados por maestros destacados de la época. Sobrios paños van definiendo el perímetro exterior, el ábside y las tres fachadas. En la parte norte se abre entre contrafuertes, un vano de arco carpanel cuyas arquivoltas le transforman en conupial rematado en agujas al estilo típico del gótico, anagrama de Jesús y blasón del peregrino. Si seguimos hacia la Calle Estudios y después de pasar por la sacristía, aparece, rompiendo la línea del casulario, el ábside de tres cabezales curvos de soberbias proporciones y volúmenes de gran perfección. Buscando el mediodía, llegamos a la puerta sur, a la que se accede por un atrio rematado con bancada de piedra y reja de forja. La portada, de estilo plateresco y profusa decoración, se inició hacia 1547. Hontañon nuevamente la dispuso entre contrafuertes y la dividió en tres cuerpos rematados en un frontón con el relieve del Padre Eterno. El vano está custodiado por frisos entre columnas y arco carpanel a cuyos extremos colocó dos medallones en las enjutas. En el segundo cuerpo, en el nichal central la imagen a la que se dedica el templo la de Santiago Apóstol con los atributos de peregrino: el bordón con la calabaza y el sombrero con la concha. A los laterales le custodian los cuatro evangelistas. En el tercer cuerpo presenta el relieve con la escena de la Virgen del Pilar apareciéndose a Santiago con la columna ordenando la construcción del templo. Las esculturas fueron realizadas en el siglo XVIII por Juan Canseco y la ornamentación por Miguel de Espinosa. En la fachada se incluyen los escudos señoriales de los Almirantes y los de Medina de Rioseco.

Al templo se accede por la cabecera o fachada del oeste, en cuyo embellecimiento decoración y composición se aprecia el estilo renacentista. Alonso de Tolosa traza la fachada al estilo herreriano y la ejecuta Juan de Hermosa, quien se encarga de continuar las obras de la iglesia al fallecer Gil de Hontañon en 1577. Presenta dos pisos con tres calles rematadas en dos torres, de las cuales solo se llegó a construir una. Se accede por una puerta adintelada en cuya parte superior se coloca una ventana ocular, flanqueadas por columnas corintias en el primer cuerpo y compuestas en el segundo. El interior se debe a la traza de Alonso de Tolosa en 1586. La sucesión de ventanales pareados de arco apuntado, presentan un escenario cambiante con la presencia de los rayos solares a lo largo del día. Hace de anfitrión un precioso retablo central que termina en dos laterales no de menores dimensiones, en madera policromada en oro, al estilo churigeresco, que describe con gran precisión bíblica la vida de Santiago y su relación con España. Ya en el sotocoro de la entrada está representado Santiago a caballo dando la bienvenida al espectador. El edificio se remata con una bóveda barroca realizada por Felipe Berrojo de Isla, en 1667, con gran detallismo, policromía y continuos detalles jacobeos, sobre tres naves de arista, nervadas, media naranja y elíptica, decorada con profusión de yeserías.

El templo, los retablos y las continuas decoraciones, tanto del interior como del exterior son un alegato hacia el peregrino y su esfuerzo por alcanzar Compostela. El turista, peregrino o persona interesada por el arte o la religión podrá satisfacer su curiosidad, ya que, no dejará de apreciar continuas referencia hacia el Camino de Santiago, con los símbolos de la cruz, la concha o el apóstol. Un apóstol dispuesto a acoger a todo el que camina hacia Dios, soportando entre sus hombros, la cruz diaria que le ha llevar a la salvación y en cuya capilla recóndita de la Iglesia de Santiago, casi inadvertida, a la que se accede por la sacristía se encuentra la cruz relicario de Cristo, en la que el peregrino puede hacer un alto en el camino y dedicar unos minutos a contemplar las diferentes iconografías de los retablos dorados cuando la luz incide, en cada parte de ellos, provocando una teatralidad cambiante dependiendo del sol y la luz.